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Wednesday, November 02, 2011

Ética de gobierno

Ética de gobierno

Max Weber explicó la distinción entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad. Decía que toda acción éticamente orientada puede ajustarse a estas dos máximas, fundamentalmente distintas entre sí e irremediablemente opuestas, y que hay una gran diferencia entre obrar según la máxima de la ética de la convicción, tal como la que manda en el ámbito religioso al cristiano, "obra bien y deja el resultado en manos de Dios", o según la ética de la responsabilidad, que ordena tener en cuenta las consecuencias previsibles de la propia acción.

Cuando las consecuencias de una acción realizada conforme a una ética de la convicción son malas, quien la ejecutó no se siente responsable de ellas. Responsabiliza al mundo, a la estupidez de los hombres o a la voluntad de Dios, por ejemplo. Pero no se hace cargo de sus actos. Quien actúa según la ética de la convicción, agrega Weber, sólo se siente responsable de que no flamee la llama de la pura convicción; la llama, por ejemplo, de la protesta contra las injusticias sociales.

Para Weber la naturaleza de la política exige que haya que actuar en ese ámbito según la ética de la responsabilidad. El político ejerce el poder, y no debe pues suponer que el hombre es bueno y perfecto. Debe, claro está, sentir pasión por su vocación. Pero, al mismo tiempo, ha de ser capaz de distanciarse de sus gobernados y evitar la demagogia.

En política, actuar conforme a la ética de la responsabilidad implica no descargar sobre otros aquellas consecuencias de la acción que debieron ser previstas. Porque el político éticamente responsable entenderá, siempre, que ellas son imputables a su acción.

Así, el proceso de "profundización de los cambios" del gobierno lo que hace, en realidad, es abrazar cada vez con más fuerza la ética de la convicción y abandonar toda ética de la responsabilidad.

Ilustra esta lógica, por ejemplo, la argumentación de la semana pasada sobre la ley de caducidad, cuya anulación se despreocupa de la responsabilidad del respeto al Estado de Derecho. La ilustra, también, la omisión del gobierno de enfrentar con vigor los reclamos sindicales-corporativos. Aquí la izquierda no hace pedagogía ciudadana, y cede, cada vez, a la inevitable demagogia que comporta la política conjugada desde la sola ética de la convicción.

Este talante no es casual. Así como gana terreno la negación de la ética de la responsabilidad también pierde pie el ejercicio de la autoridad legítima. ¡Y vaya si quedó claro con las críticas que desde el Frente Amplio sufrió la Directora Bianchi!

Son las dos caras de una misma moneda. Es la misma izquierda, que vive como en una perenne adolescencia hecha de convicciones y no asume la ética de la responsabilidad, la que cree que el ejercicio de la autoridad es sinónimo de autoritarismo.

Mónica Segovia, presidente de la Asociación de Docentes de Secundaria, refleja esta idea. En reportaje a este diario decía que "me cuesta el autoritarismo, en el ámbito que sea. En un salón de clase tiene que haber democracia, donde el adulto cumpla su rol y los chiquilines no puedan hacer cualquier cosa, pero que tengan un ámbito de participación".

En este sentido, en un brillante y corto ensayo titulado "la crisis de la educación", Hannah Arendt mostró cómo es un error que no entiende lo propio de la naturaleza del enseñar, pretender que los niños puedan ser autónomos de los adultos.

En efecto, escribía Arendt, el joven aprende sobre cosas que ya existen. No hay imposición o ejercicio de autoritarismo, por tanto, cuando el profesor exige cierto orden y esfuerzo. En otras palabras: no puede haber democracia en el aula. La conservación, la tradición y la autoridad dentro de la educación son necesarios para asegurar la futura libertad y capacidad de actuar de los adolescentes, y no tienen nada que ver con el conservadurismo político.

La política debe guiarse por la ética de la responsabilidad. La educación debe ejercerse desde la autoridad. La izquierda no lo asume. Está lejos pues, de construir un país de primera.

El País Digital

 

Saludos
Rodrigo González Fernández
Diplomado en "Responsabilidad Social Empresarial" de la ONU
Diplomado en "Gestión del Conocimiento" de la ONU
Diplomado en Gerencia en Administracion Publica ONU
Diplomado en Coaching Ejecutivo ONU( 
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