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Wednesday, February 06, 2008

¿Hay alternativas? El Imperio y el pensar crítico

¿Hay alternativas? El Imperio y el pensar crítico

Jung Mo Sung *

Adital -

Uno de los grandes desafíos en la lucha por "otro mundo posible" es superar la idea difundida de que después de la caída del bloque socialista no hay alternativas al actual modelo capitalista de globalización. Para los ideólogos del sistema y los grandes medios de comunicación el actual proceso de globalización se impone de un modo imperial, sin posibilidad de resistencia y sin ninguna alternativa.

Los que propagan la tesis de que "no hay alternativas" reconocen, al defender esa posición, que sí existe la posibilidad de pensar y/o proponer alternativas. Si realmente no existiese esa posibilidad, la lucha ideológica en torno de este asunto no tendría ningún sentido. Ellos, por ejemplo, no defienden tesis del tipo "la tierra gira alrededor del sol" porque esto es considerado obvio (a pesar de que los ojos no lo ven) y no hay razones para una discusión científica o ideológica alrededor de ese asunto. Al entrar en esa discusión sobre alternativas, admiten implícitamente que no existe todavía una victoria definitiva de la tesis de que "no hay alternativas".

La estrategia de estos ideólogos del sistema es no entrar en debate sobre propuestas o las grandes líneas de las alternativas, pues esto sería admitir que hay alternativas. Por eso, ante cualquier grupo o persona que critica la lógica central del actual sistema y propone alguna alternativa viable, o por lo menos discutible, ellos los descalifican como "jurásicos" o como "ingenuos románticos". Admiten discutir solamente cuestiones puntuales que tienen que ver con el gerenciamiento del sistema. Por ejemplo, el problema de la corrupción de los gobiernos y/o de la mala gestión (políticas económicas y sociales equivocadas o ineficiencia de los aparatos del Estado) o de los recursos escasos de los países llamados "en desarrollo". En otras palabras, hay alternativas en el proceso de gerenciamiento del sistema, pero no al sistema como un todo.

La razón de que no haya una alternativa sistémica al sistema sería, en último análisis, resultante del hecho de que la historia ya está escrita, sea "por las estrellas", por las leyes de la evolución del universo, por las leyes de la historia, o por la voluntad divina, o por alguna otra teoría de moda.

Esta lucha teórico-ideológica tiene, por lo menos, dos niveles: a) el nivel más aparente, que es el de la formulación de las afirmaciones y/o argumentaciones tales como "no hay alternativas" u "otro mundo es posible"; b) otro nivel más profundo, que tiene que ver con la forma de pensar que subyace a esas argumentaciones. Pienso que esta distinción es importante para no luchar de una manera en que las consecuencias sean contrarias a nuestras buenas intenciones. Al final, todas las acciones humanas producen efectos intencionales (los que están de acuerdo con las intenciones que las llevaron a la acción) y los efectos no-intencionales (que no estaban en las intenciones originales y que pueden ser buenos/positivos o malos/negativos). Una de las funciones importantes de las reflexiones teóricas es precisamente intentar disminuir los efectos no-intencionales negativos de nuestras acciones. Si los efectos no-intencionales negativos no ocurriesen, las reflexiones y los debates teóricos serían innecesarios; las buenas intenciones serían suficientes para garantizar los buenos resultados.

Volviendo a los dos niveles en la lucha ideológica, yo pienso que la existencia de grupos en todo el mundo que continúan afirmando que "otro mundo es posible" nos muestra que la batalla en el primer nivel sigue firme. Pero esto no garantiza una buena batalla en el nivel del modo de pensar. La única forma de lucha contra el modo de pensar que el sistema dominante quiere imponer sobre el mundo ("no hay alternativas" y la descalificación de los que piensan diferente) es el desarrollo y la difusión del pensamiento crítico, un pensamiento que no acepta ninguna "verdad" como definitiva y ningún juicio de valor (el bien y el mal) como absoluto o como aplicable para todos, independientemente de las condiciones concretas en que se da el acontecimiento o la relación. Es decir, un modo de pensar que no descalifica por completo el pensamiento del otro (sea o no adversario o enemigo) y mucho menos usa la descalificación del adversario como argumento para criticar su idea.

Si no desarrollamos el espíritu crítico y simplemente descalificamos a los capitalistas y a sus ideólogos o a los que difieren de nuestras estrategias de lucha, podemos continuar afirmando que otro mundo es posible, pero estaremos imitando a los ideólogos del sistema y negando nuestra tesis fundamental de que en la vida hay siempre diversos caminos posibles, que siempre es posible un modo diferente de vivir y organizar la sociedad. Podremos ganar posiciones en las batallas que ocurren en el primer nivel, pero estaremos perdiendo en el nivel más importante, el del modo de pensar.

Además, si nuestras críticas a las situaciones concretas de nuestros países apuntan solamente hacia el problema del "gerenciamiento" (la ineficiencia, la corrupción, la mala voluntad, la obsesión de los gobernantes por la reelección o su perpetuación en el poder, etc.), como muchas veces terminamos haciendo por causa de nuestro enojo o frustraciones con nuestros gobernantes, estaremos -aunque no intencionalmente- reafirmando la tesis de que el problema fundamental no está en el sistema, de que no es preciso cambiar el actual sistema. Por otro lado, criticar solamente al sistema capitalista actual, sin criticar a los políticos y también a los capitalistas (agentes de acciones intencionales), refuerza también el modo de pensar que el sistema quiere imponernos. Pues afirmaremos, incluso sin querer, que la historia sería el resultado sólo de acciones impersonales de los sistemas y que las luchas sociales y políticas no hacen diferencias en la historia. Nuestras críticas y luchas necesitan siempre articular estos dos polos: la lógica y la dinámica del sistema y las acciones socio-políticas que se dan en el interior de este sistema.

En la lucha contra el actual Imperio global, la capacidad de pensar de modo crítico (y autocrítico) y complejo (que articula los diversos aspectos de la realidad) es un instrumento fundamental para afirmar que sí hay alternativas y que otro mundo más humano y justo es deseable y posible.

Traducción: Daniel Barrantes - barrantes.daniel@gmail.com


* Profesor de postgrado en Ciencias de l Religión de la Universidad Metodista de San Pablo y autor de Sementes de esperança: a fé em un mundo em crise
Saludos
Rodrigo González Fernández
DIPLOMADO EN RSE DE LA ONU
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