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Tuesday, November 08, 2005

COMO NOS VENDEN LA MOTO

ESTE ES UN INTERESANTE LIBRO QUE HAY QUE LEER . ACÁ TENEMOS UNA RESEÑA INTERESANTE

Reseña Cómo nos venden la moto

Noam Chomsky e Ignacio RamonetIcaria Editorial, Barcelona, 1996104 páginas
La izquierda nos quiere vender la moto


Por Juan Ramón Rallo Julián
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“Cómo nos venden la moto” intenta ser un libro de introducción al pensamiento izquierdista más retrogrado y antiliberal. En poco más de 100 páginas, Chomsky y Ramonet, dos de los gurús más reputados en el socialismo y antiamericanismo mundial, resumen en sendos capítulos por qué la globalización, basada en una extensión consiguiente de los medios de comunicación de masas, es intrínsecamente perversa hasta el punto de eliminar de facto nuestra libertad.
En definitiva, Chomsky y Ramonet intentan demostrarnos por qué la globalización, basada en el control ejercido por los mass media sobre los individuos, es radicalmente antidemocrática.
El libro se articula, como ya hemos señalado, en dos capítulos, el primero escrito por Chomsky y el segundo por Ramonet. La estructura de este artículo intentará, en la medida de lo posible, ser fiel a la del libro. En un primer epígrafe analizaremos las críticas chomskyanas, seguiremos con las superficialidades infantiloides de Ramonet y finalizaremos con una comparación entre las opiniones de ambos autores.Chomsky: un anarquista vendido al Estado
En los comentarios de Noam Chomsky podemos apreciar una cierta coherencia y sistematización de su pensamiento. No nos encontramos ante un autor falto en reflexiones y que recurre a la soflama como mensaje continuado. Chomsky es, ciertamente, más profundo que todo esto.
La suya es la tragedia de un autor lleno de odio hacia la humanidad y, especialmente, hacia sus semejantes. Chomsky ve encarnado el mal en los judíos, en EEUU, y en el capitalismo, mientras que él, judío, estadounidense y capitalista, ha sido capaz de superar esa maldad, elevándose por encima de las taciturnas masas. Una triste patología de autonegación combinada con un superego desatado que le conduce a conclusiones disparatadas e inconsecuentes. Pero, insisto, no se trata de inconsecuencias casuales, de lagunas en su sistema político, sino más bien de taras conocidas y plenamente incorporadas.
Chomsky empieza su artículo con dos concepciones contrapuestas de democracia, una caracterizada porque la gente tiene a su alcance los recursos para participar de manera significativa en la gestión de sus asuntos particulares. Es la idea buena de democracia, donde los medios de información son libres e imparciales.
Las trazas no son malas, pero sin duda erróneas e incompletas. Por un lado, como luego veremos, aquello que Chomsky entiende como “recursos” necesarios supone una injerencia tan grande que en la práctica imposibilita a una gran cantidad de gente el objetivo final de esta concepción democrática, esto es, la gestión de los “asuntos particulares”
Por otro, y es aquí donde Chomsky yerra con mayor descaro, unos medios de información libres no necesariamente serán imparciales; ni siquiera debemos entender la imparcialidad como un objetivo deseable para la democracia. No tenemos un patrón a partir del cual podamos medir cuán imparcial es un medio, la verdad no nos viene revelada, sino que es percibida continuamente por cada individuo. Tildar a un medio de “parcial” implica que alguien, previamente, ha definido cuál es la verdad de donde se ha apartado. Supone eliminar la discrepancia y la posibilidad de modular esa visión particular, ya que no está sometida a crítica, so pena de “parcialidad”. Supone, en definitiva, el estancamiento ideológico y moral en unas posiciones prefijadas; todo paradigma antes de derribarse debe ser atacado, si ese ataque se convierte, por obra y gracia de los intelectuales, en un ataque a la democracia, las ideas caducas se sostendrán merced del azote político. Es la posibilidad de ser parciales –es decir, de que otros juzguen que estamos siendo parciales- lo que salvaguarda la democracia y la libertad.
La otra concepción que Chomsky tiene de democracia es aquella según la cual no debe permitirse que la gente se haga cargo de sus propios asuntos. En este caso, los medios de información estarían fuerte y rígidamente controlados.
Pero Chomsky se confunde de enemigo. La propaganda sólo transmite información, persuadiendo en su caso al receptor. La propaganda no es ilegítima en sí misma, en todo caso lo serán las acciones que pretende estimular. En el caso de este segundo tipo de democracia, lo problemático e ilegítimo es la pretensión de control público de la información.
Así, por ejemplo, Chomsky denuncia que el origen de la propaganda moderna lo encontramos en Woodrow Wilson, quien convenció a los estadounidenses de que entraran en la I Guerra Mundial. No obstante, en todo caso, las acciones de Wilson serían ilegítimas por haber usado medios ajenos (impuestos) para fines particulares y por el hecho concreto de haber entrado en guerra. En ningún caso, por la mediática exhortación a la misma.
Otra cosa es que esta propaganda, cuando viene del Estado o de los criminales, sea peligrosa, pues puede consolidar la aceptación de determinados delitos. Como señala Chomsky: cuando la propaganda que dimana del Estado recibe el apoyo de las clases de un nivel cultural elevado y no se permite ninguna desviación en su contenido, el efecto puede ser enorme. Palabras muy similares a las pronunciadas por uno de los mayores liberales de este siglo, Murray Rothbard, cuando denunciaba a los aduladores del intervencionismo. No obstante, Chomsky está convencido de que este segundo tipo de democracia es el que caracteriza al liberalismo.
Sin percibir que tales características son las propias del socialismo intervencionista, prosigue advirtiendo de que uno de los peligros la democracia liberal es la ficción de que los intereses comunes esquivan totalmente a la opinión pública y sólo una clase especializada de hombre responsables lo bastante inteligentes puede comprenderlos.
Como vemos, nuevamente, son los socialistas quienes aseguran haber descubierto el rumbo final de la humanidad a cuya consecución deben mancomunarse todos los recursos materiales y humanos. Somos los liberales los que siempre hemos creído que el hombre es capaz de decidir sobre su propio destino mejor que ningún otro sabio. De hecho, Chomsky asegura que la dirección tecnocrática es un planteamiento típicamente leninista. Yerra, como decimos, al creer que es un planteamiento característico del liberalismo: Es así que la teoría democrática liberal y el marxismo-leninismo se encuentran muy cerca en sus supuestos ideológicos.
Por tanto, Chomsky describe estos dos modelos de democracia. No es necesario criticarlo de reduccionista o maniqueísta. A buen seguro, podríamos mentar que existen otros tipos de democracia, con sus características concretas y diferenciadoras. Mas no es, en absoluto, necesario dar ese paso.
Aún cuando Chomsky se declara partidario del primer tipo de democracia (esto es, la democracia donde la gente tiene a su alcance los recursos para participar de manera significativa en la gestión de sus asuntos particulares), me parece que, con las matizaciones ya efectuadas, ése es también el modelo de democracia que el liberalismo inequívocamente defiende.
No olvidemos que democracia vendría a significar “gobierno del pueblo”, pero, desde una perspectiva científicamente liberal, no hay pueblos al margen de los individuos; por ello, democracia debe significar gobierno de las personas. El hecho de que la izquierda haya deformado su significado transformándola en un colectivismo cuasitotalitario, donde la libertad individual queda subordinada al designio de la mayoría, no debe hacernos olvidar su auténtica esencia.
En este sentido, podemos concluir que la primera concepción de democracia, sería la genuinamente liberal, mientras que la segunda, la del ordeno y mando, la distorsión socialista.
El problema es que, en mi opinión “parcial”, Chomsky equipara el segundo tipo con la democracia liberal, y él mismo, aún mostrándose a favor del primer tipo, no es congruente en su argumentación hasta el punto de terminar generando una argumentación sólida para la democracia totalitaria (el segundo tipo) que tanto dice detestar.
Chomsky, en resumen, habla de dos tipos de democracia: un primer tipo al que cualquier liberal instintivamente se adscribiría y un segundo que podríamos equiparar al socialismo. Chomsky se declara partidario del primer tipo, al momento que compara el liberalismo y el leninismo con el segundo. Sin embargo, procede a defender el primer tipo, efectuando un giro conceptual por el que termina convirtiendo el primer tipo en el segundo. ¡Defiende el socialismo con argumentos liberales! Un genio de la manipulación.
Este giro conceptual que efectúa Chomsky a través del cual defiende el totalitarismo con premisas aparentemente aceptadas por los liberales, consiste en identificar la sociedad como el fruto consciente de las decisiones de todos los individuos. En su opinión, la libertad queda garantizada cuando los individuos consiguen participar en la gestión de los asuntos que les afectan o interesan frente a la concepción de que los intereses públicos escapan a la capacidad de comprensión del rebaño desconcertado.
Y este es el meollo de la manipulación. La sociedad no consiste en la suma de las decisiones conscientes de cada individuo sobre qué camino debe seguir toda la sociedad. Esta pretensión sería equivalente a la de una asamblea que votara mayoritariamente cuál es el fin último de la sociedad y, por tanto, el fin último al que deben sujetarse todos y cada uno de sus miembros.
Resulta evidente que, en ese caso, la libertad individual queda eliminada por entero. El individuo no genera la sociedad como un resultado no intencionado de la búsqueda de sus propios fines, sino como contribución parcial a la obra de la ingeniería social.
La trampa que nos tiende Chomsky es la misma que destapó Hayek en 1945 con la publicación de su artículo Individualism: True or False. En él, el maestro liberal nos advertía de la apropiación incorrecta del término individualismo por parte de los constructivistas, de los planificadores cartesianos, que, en última instancia, producían la degeneración del término hacia el socialismo.
La concepción de la sociedad de Chomsky, esto es, que todos los individuos decidan por anticipado qué cadenas se impondrán unos a otros, es el opúsculo del perfecto despotismo. Cuando Chomsky asegura que no debemos caer en la trampa de creer que existen unos intereses públicos que escapan a la capacidad de comprensión del rebaño desconcertado, en realidad nos está tendiendo otra trampa.
No existen esos supuestos intereses públicos sobre los que, según su opinión, debe decidir el rebaño. Es precisamente su interdicción del juicio individual y del orden espontáneo que éste genera, lo que nos desplaza hacia el terreno de la planificación.
Chomsky establece un inexistente debate entre si esa planificación deben controlarla las elites intelectuales o todos los individuos en su conjunto. El liberal puede estar tentando a apoyar la segunda posibilidad, cuando ninguna de ellas es cierta. Es cada individuo, cuando persigue sus propios fines, quien planifica cada situación concreta, dando lugar al orden espontáneo que Chomsky ni menciona.
Partiendo de este argumento, falso de base, Chomsky construye toda una teoría conspirativa en función de la cual las democracias liberales recurrirían a la propaganda para convencer a la población de que son las elites empresariales y políticas quienes deben planificar el orden. Así, por ejemplo, la televisión (telenovelas, deportes, y telebasura) pretende distraer la atención de los ciudadanos de los asuntos que verdaderamente les interesan. Chomsky llega a asegurar que: la propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al Estado totalitario.
En realidad, el Estado sí intenta desviar la atención cada vez que se produce una violación de nuestras libertades. Chomsky acierta, aún sin saberlo, en que la propaganda política intenta vestir a un emperador desnudo; falla al sugerir que el emperador está vestido y que la sociedad colectivamente debe ocupar su puesto. La tesis fundamental chomskyana, pues, cae por su propio peso. Veamos, no obstante, un par de ejemplos donde el autor muestra esta concepción colectivista de la libertad.
En el primero de ellos, Chomsky se queja de que, tras la Gran Depresión y, en concreto, gracias a la Ley Wagner de 1935, los sindicatos, asociaciones ciudadanas no estatales, habían conseguido una gran capacidad para influir en la sociedad. Ironiza Chomsky que gracias a esta ley la democracia estaba funcionando bastante mal: el rebaño desconcertado estaba consiguiendo victorias en el terreno legislativo, y no era ese el modo en que se suponía que tenían que funcionar las cosas; el otro problema eran las posibilidades cada vez mayores del pueblo para organizarse.
Recordemos por un momento que Chomsky se declara partidario de un tipo de democracia en el que cada individuo pueda gestionar sus asuntos particulares. ¿Qué asuntos particulares podía gestionar cada individuo en un ambiente en el que las leyes se multiplicaban? ¿No supone acaso la ley, proceda de donde proceda, una limitación a la autonomía individual? Los individuos, ciertamente, podían organizarse, pero para planificar la vida a otros individuos. Esa es la libertad que garantiza Chomsky, la absoluta heteronomía.
No obstante, nuestro autor prosigue señalando que la propaganda consiguió convencer a la gente de que había que luchar contra los huelguistas. Se presentó a estos como destructivos y perjudiciales para el conjunto de la sociedad y contrarios a los intereses comunes, que eran los nuestros.
En realidad, cualquier pretensión por totalizar la idea de intereses comunes, por imponerlos al resto de los intereses posibles y potenciales, resulta perjudicial para que cada uno persiga sus propios fines. Chomsky, como colectivista, define cuáles son nuestros intereses, y los define, en función, de cuáles sean los intereses particulares de los sindicatos. ¿Dónde queda aquí la mentada gestión de los intereses particulares, si estos intereses son, no sólo dominados, sino engendrados por personas ajenas? Sucede, pues, que todo plan particular opuesto al interés común deberá ser eliminado; el bien común sólo es realizable cuando todos los individuos, sin excepción, lo persiguen. La armonía de intereses, para el colectivista, es la peor de las ficciones.
No sólo eso, la pretensión por dominar el interés común generará una serie de resultados no previstos que dañarán de pleno la consecución de los fines particulares. En el caso de los sindicatos, la presión por elevar los salarios por encima de la productividad marginal abocará a los trabajadores al desempleo. Así, la totalización del fin social por los sindicatos no nos lleva sólo a una represión de los fines particulares, sino a la dislocación generalizada de los recursos por buscar un fin de imposible satisfacción; dislocación que a su vez dificultará aún más los ulteriores fines que pudieran perseguirse.
Veamos otro ejemplo, si cabe, todavía más ilustrativo. Chomsky es claramente partidario de descubrir el bien común haciendo gala de paternalismo funesto y totalizador. Por ello, tras vislumbrar los designios supremos, critica la extendida concepción de que lo único que tiene valor en la vida es poder consumir cada vez más y mejor. Todo el entramado consumista tiene como objetivo que la gente se desentienda de ejercer colectivamente el poder, será cuestión que los sujetos que forman el rebaño se queden en casa viendo el fútbol, culebrones o películas violentas. De hecho, Chomsky concluye con sarcasmo que la vida consiste en esto.
Al creerse poseedor del fin que todo individuo debiera perseguir, se convierte, como comentábamos antes, en un mojigato reaccionario y, lo que es peor, en un fustigador de los fines individuales. A Chomsky no le gusta que la gente consuma o que vea el fútbol y los culebrones y, sólo por esta sencilla razón, tales actividades debieran ser corregidas. No se debe ver el fútbol o no se debe consumir “en exceso”, porque cada persona debe decidir sobre el futuro de la humanidad y dedicarse a tareas superiores.
Nos instalamos en un juego realmente perverso. Chomsky afirma que tales los individuos disfrutan con tales acciones porque han sido previamente manipulados; sin tal manipulación nunca habrían querido ver el fútbol o las telenovelas antes de participar activamente en el diseño del futuro humano. Como tales acciones no son en realidad libres el individuo está siendo coaccionado, y como sufre coacción yo puedo coaccionarle por su propio bien.
Chomsky no puede afirmar si, en caso de haber concurrido otras circunstancias, esos deseos hubieran sido distintos y mucho menos cuáles hubieran sido. Sin embargo, como no le agradan las decisiones libres de otras personas por ser distintas a las suyas, arguye que la humanidad, por culpa de la grotesca manipulación de los conglomerados financieros, se ha separado del bien común que él ha descubierto y, por tanto, resulta apremiante enderezarla. El autor no hace otra cosa que buscar argumentos para justificar al resto del mundo su particular escala de preferencias, torticeramente identificada y totalizada en el bien común.
La identificación pueblo-líder, el totalitarismo puro, aparece en su forma más diáfana: toda la sociedad, todos los individuos y todos sus recursos deben subordinarse a la consecución de los intereses particulares-universales del sabio soberano.
Una vez más, preguntémonos qué queda del modelo de democracia defendido por Chomsky en el que cada persona era libre de ocuparse de sus asuntos particulares. Al final, esa radical reivindicación de la libertad es modulada a través de los circunloquios socialistas para convertirse en la peor de las esclavitudes.
No le falta razón a Chomsky en que, en muchas ocasiones, los intereses empresariales confluyen con los políticos y la propaganda unida a la coacción degenera en fatales consecuencias. Es el caso, en muchas ocasiones, de la industria militar o, especialmente, del sector bancario. Sin embargo, la eliminación de este contubernio entre algunos empresarios y el Estado no pasa por defender la planificación social más extrema, al margen del Estado.
Chomsky podrá considerarse todo lo anarquista, ácrata y antiestatista que quiera. Pero en tanto pretenda sustituir eliminar el Estado tradicional para sustituirlo por una colectividad decisoria, tan sólo estará cambiando un Estado por otro; un modelo de coacción por otro, si cabe, aún más represivo.Ramonet: la coacción como principio rector
De la misma manera que, aún desde la más extrema distancia ideológica con Chomsky, uno puede reconocerle la aparente consistencia y atractivo de sus ideas, así como su genialidad distorsionadora, de Ramonet sólo se puede sentir una cierta vergüenza ajena. Los argumentos tan simples y banales que emplea no cabe calificarlos ni siquiera de demagogia; para ello, se requiere una mínima habilidad.
Ramonet es el típico vocero de tópicos vacíos que tiene una ligera incapacidad para hilvanar frases de manera coherente. Si la izquierda buscaba un papagayo con buena voz, sin duda lo ha encontrado en Ignacio Ramonet, pero no le pidamos mucho más. No es bueno forzar las máquinas.
Desde un primer momento, la cuestión central para Ramonet es quién ostenta el poder; no tanto cuán limitado sea ese poder, provenga de donde provenga, sino quién lo posee. De esta manera, se queja del progresivo vaciamiento al que se ha visto sometido el Estado a favor del poder financiero.
El autor, por ejemplo, se sorprende de que en la encuesta de un semanario francés sobre los 50 hombres más influyentes del planeta no aparezca ningún político. Aquello que algunos entenderían como un éxito de la sociedad civil al liberarse de las cadenas estatales, a Ramonet le parece pecaminoso. Es más, pone el acento en que el hombre más influyente del mundo es Bill Gates, y no Kohl, Clinton, o Yeltsin. Es decir, a Ramonet le molesta que un individuo, a través de su genialidad para servir y mejorar la vida de los demás, haya alcanzado el puesto que debería ocupar, desde el punto de vista estatólatra, algún político.
Aunque quizá el odio hacia Bill Gates hunda sus raíces en motivos más profundos. Ramonet se queja de que los mercados financieros y las redes de comunicación (…) han incentivado las tesis ultraliberales del laissez faire. Todo ello, ha dado origen a un nuevo culto, una nueva religión: la del mercado, cuyos feligreses son los expertos en la nueva ideología dominante: el pensamiento único.
Esta nueva fe capitalista se plasma por un lado, en opinión del autor, en instituciones como los Bancos Centrales, el FMI o la Organización Mundial del Comercio o la Unión Europea. Y, por otro, en los poderes de los medios de comunicación y su ingeniería de la persuasión, cuyos objetivos no son sólo manipularnos, sino también vigilarnos, lo que suscita en ciertos ciudadanos una sumisión sin límites. En definitiva, lo económico prima sobre lo político. (…) Cada vez menos de Estado. (…) ¡Todo el poder para el mercado!
El discurso de Ramonet no es más que un suma y sigue de arengas anticapitalistas que suelen utilizar los adolescentes faltos en conocimientos. El problema es que los adolescentes utilizan esas frases cortas y sencillas porque, presumiblemente, la argumentación sobre las que se sustentan se encuentra en los libros de donde las han extraído, por ejemplo el de Ramonet. Lástima que no sea así y el discurso progre se revele como un fantástico edificio opresor sin base alguna.
Resulta absurdo fundamentar el laissez faire en el actual desarrollo de los medios de comunicación. De hecho, la expresión fue acuñada por Gournay en el s.XVIII, y recogida por los fisiócratas franceses, para referirse a un sistema de libertad en el que el Estado dejaba hacer. El laissez faire, es decir, la libertad que encarnaba el laissez faire, alcanzó su punto más elevado durante el s. XIX, cuando las comunicaciones tenían poco que ver con las actuales.
Ello, no obstante, no impidió que el ser humano disfrutara de las cotas de libertad más elevadas que se conocen. Tampoco fue necesaria la creación de los Bancos Centrales ni, mucho menos, del Banco Central de Bancos Centrales, esto es, el FMI. Muy al contrario, fue precisamente tras el afloramiento de estas instituciones, que dinamitaron la disciplina cambiaria, monetaria y presupuestaria impuesta por el patrón oro, cuando el laissez faire empezó a retroceder. El abandono del laissez faire no se produjo con el crack del 29 como muchos economistas erróneamente creen. El laissez faire se abandonó de facto cuando el patrón oro dejó de ser respetado; esto es, cuando la práctica inflacionaria de los Bancos Centrales se generalizó a principios del s. XX.
A partir de ahí podemos trazar una perfecta línea explicativa que recorra la I Guerra Mundial, la Gran Depresión, el ascenso del nazismo y la II Guerra Mundial. Ninguno de estos desastres debe su suceso al exceso de libertad, sino al cada vez más omnipresente intervencionismo estatal.
Es curioso como Ramonet, siguiendo el repipi discurso progre, endosa al FMI una especie de patronazgo del neoliberalismo. El FMI es una institución del todo ajena al mercado que sólo sirve para pervertir su libertad. Si en su momento fue ideado por Harry Dexter White, de quien luego se descubrió su vinculación con la URSS, con la pretensión de convertirse en un estabilizador de los tipos de cambio internacionales (es decir, para que cada país pudiera inflar sin limite su oferta monetaria), en la actualidad se ha transformado en un instrumento a través del cual unos gobiernos se dedican a presionar y corromper a otros.
El FMI no tiene nada que ver con los individuos, con los empresarios o con las relaciones voluntarias; mayormente supone el expolio del contribuyente estadounidense para sobornar a los políticos tercermundistas. El mercado queda absolutamente desplazado por la política.
Por no hablar de los Bancos Centrales que suponen el monopolio público de la emisión de moneda y de donde, como ya hemos indicado, brotan la mayor parte de los males que sufre actualmente Occidente; en especial, la inflación y los ruinosos ciclos económicos.
También es curioso que considere a la Organización Mundial del Comercio, o al GATT, como constructores del laissez-faire. En el s. XIX no fue necesario crear ninguna organización supranacional para promover el libre comercio. Por supuesto, ni fue necesario entonces ni, mucho menos, lo es ahora. No es que, la OMC, a diferencia del FMI, sea una herramienta perversa, pero consagra una concepción de las relaciones interpersonales enmarcadas en la aquiescencia estatal, en el mercadeo de bloques comerciales.
Sí, en cambio, es más preocupante la Unión Europea que a Ramonet tanto le gusta equiparar con una especie de Europa de los mercaderes. Cuando hablamos de Unión Europea deberíamos referirnos a Unión Estatal Europea; tal “construcción” de Europa se entiende hoy como la fabricación de un supraestado rector, no es un proceso económico, sino político. Ni siquiera es lícito tildar la libre circulación de personas, mercancías y capitales dentro de la Unión Europea como una medida liberal; el Estado europeo busca la autosuficiencia para aislarse del resto del mundo. El Estado europeo es, en muchos casos, una fortaleza infranqueable, unas barreras a la efectiva libre circulación de personas, mercancías y capitales en el mundo. Las Uniones Aduaneras, como ya puso de manifiesto Jacob Viner, son una suerte de neomercantilismo; nada que ver con el libre comercio y el capitalismo.
Como vemos, los argumentos de Ramonet son simplemente inanes. No puede pretenderse que los resortes institucionales a través de los cuales el intervencionismo se ha expandido en los últimos 50 años hayan sido precisamente la base del libre mercado y del resurgimiento del laissez faire. Aunque llegar a semejante análisis obligaría a Ramonet a revisar gran parte de sus prejuicios y por eso aro no puede pasar el progresismo de corral.
En todo caso, Ramonet echa mano, al igual que Chomsky, del argumento de la manipulación, de la ingeniería de la persuasión, como base del desarrollo capitalista. Su objetivo es manipularnos: hacernos consumir cada vez más.
Insisto, este discurso es simplón y sin fundamente alguno. Recoge, en parte, doctrinas económicas equívocas basadas en la hipertrofia del consumo como base del desarrollo económico y las aplica al análisis de la empresarialidad. Pero además, descuida cualquier análisis mínimamente fundamentado de la naturaleza de la acción humana y de la influencia de la información sobre la misma.
Por un lado, siguiendo el análisis ridículo de Ramonet, no entiendo por qué un empresario debería impeler a las masas a que consumieran cada vez más. Cada empresario debería modular a las masas para que consumieran solamente sus productos y no los de la competencia, lo cual generaría una suma de manipulaciones en sentidos opuestos que se contrarrestarían unas a otras.
Por otro, tampoco entiendo por qué un empresario querría manipular a toda la gente hacia un consumo masivo. Pensemos que el stock de productos que un empresario puede vender en un momento determinado es fijo, por tanto, en muchos casos necesitarán ampliar su capacidad productiva recurriendo a la inversión. En estos supuestos, al empresario le interesa indudablemente que la gente restrinja su consumo, de manera que al ahorrar descienda el tipo de interés y su inversión resulte más rentable.
La lógica por la que el capitalismo, los empresarios, exhortan hacia un consumo irrefrenable no tiene ni pies ni cabeza. Era, precisamente, el comunismo quien prometía liberar a la raza humana al incrementar el consumo por encima de límites insospechados, eliminando de paso la escasez. De hecho, los mercados financieros (la Bolsa, los fondos de inversión, los fondos de pensiones…) que tanto denosta Ramonet y la progresía mundial, sirven para canalizar los ahorros de una parte de la sociedad hacia otra inversora. Sólo así puede la tan nefasta acumulación de capital progresar y elevar el nivel de vida de las masas. Pero Ramonet, obviamente, desconoce todo esto.
Mas el hecho de que el capitalismo no promueva necesariamente el consumo desbocado, o consumismo en la nomenclatura chic, no significa que, en caso de que lo hiciere, fuera negativo. El ser humano persigue aquellos fines que subjetivamente concibe, y para ello necesita de la concurrencia de unos medios, necesita consumir. Incluso el tiempo de meditación que algunos austeros radicales reivindican hará necesaria la producción y consumo del sustento fisiológico necesario. Por tanto, no tiene cabida criticar las decisiones ajenas de consumo pues resultan equivalentes a criticar los fines ajenos. Claro que muchos totalitarios necesitan eliminar, como ya hemos visto en el caso de Chomsky, los fines ajenos para poder satisfacer los propios, al camuflarlos con el apelativo de bien común.
No sólo eso, la información, los datos que recibe el actor, son procesados de una manera única por cada sujeto. La influencia concreta que cada mensaje pueda tener sobre millones de sujetos es desconocida por el empresario, ya que ni es capaz de recoger ni de procesar tal cantidad de nuevos datos. Se limita a hacer sugerencias de productos que cree satisfarán mejor que otros las necesidades de los consumidores. Incluso la recurrente crítica a la “creación de nuevas necesidades” no supone más que un caso particular de un empresario que propone mejores medios para el fin último de vivir mejor, de incrementar la intensidad y duración de nuestro tiempo de ocio.
En todo caso, aún situándonos en la postura más llana y reduccionista, Ramonet olvida a Lincoln cuando advertía de que no era posible engañar a todos durante todo el tiempo. Una campaña publicitaria exitosa podría convencer a mucha gente de que conviene consumir un determinado producto la primera vez. Sin embargo, si tras probar el producto, el consumidor no ve satisfechas sus necesidades, sean las que fueren, dejará de adquirirlo (solo hace falta recordar el sonado fracaso de la Cherry Coke). La manipulación de poco servirá ya; habrá adquirido una información más valiosa que cualquiera que pueda aportarle la publicidad, la información derivada de su experiencia personal.
El problema es que Ramonet, al igual que Chomsky, no acepta que los fines de una persona puedan ser distintos a los suyos (al “fin común”, vamos). La publicidad, arguye, nos condena a un estado continuo de sumisión; los productos que compramos satisfacen nuestros fines, pero esos fines no son realmente nuestros, sino que nos vinieron impuestos por las empresas.
La diferencia es que las empresas, aún admitiendo a efectos dialécticos la tesis de Ramonet, no utilizaron la fuerza para crearnos unos fines que ahora hemos interiorizado como nuestros; únicamente han empleado la persuasión y el convencimiento que nuestro autor denomina manipulación.
Eso sí, cuando Ramonet nos intenta persuadir en su libro de que las empresas nos dominan, lejos de practicar la manipulación, ejerce un derecho ciudadano.
Pero aún más problemático resulta que la izquierda –Ramonet inclusive– no pretenda convencernos de que abandonemos el consumismo a través de sus libros y diatribas, sino que recurra de manera interminable al uso de la fuerza y de la coacción estatal. Cuando Ramonet pide más Estado y menos mercado está, precisamente, reivindicando que nuestros deseos, nuestros sueños y nuestras aspiraciones pasen por el filtro de la burocracia para decidir si están conformes o no con el bien común. Es decir, si nuestros sueños están conformes con lo que otros designan como nuestro propio bien.
En definitiva, las tesis de Ramonet denotan un desconocimiento asombroso de todas las disciplinas sociales. Es un perfecto ejemplo de cómo la ignorancia puede cristalizar en la demanda de cadenas para todos. Cómo, ante la incomprensión de los demás, se prefiere a un hombre fuerte y sabio que los domine y organice a que todos puedan perseguir pacíficamente sus fines. El miedo a lo desconocido tiende a peticionar la reducción y cuasi-eliminación de esa incertidumbre. Si no entiendo la economía, acabemos con ella. Si no comprendo por qué una persona decide vivir de una determina manera, prohibámoslo. Si no entiendo por qué alguna gente gana dinero, evitémoslo. La ignorancia degenera en intolerancia y coerción. Por ello se prefiere el Estado al mercado. Ramonet es el perfecto ejemplo.
Chomsky y Ramonet: tradiciones convergentes
Ya he señalado que entre Chomsky y Ramonet se aprecia un abismo en el fondo y en la forma. En la forma, no ya porque Chomsky sea un genio de la manipulación, mientras Ramonet no pase de evangelista refrito, sino porque la ideología chomskyana posee una cierta sistematización a la que el telepredicador Ramonet no podrá aspirar jamás. Además, lo cual no deja de ser significativo, Chomsky se encuadra, según sus propias palabras, en el “anarquismo libertario”, mientras que Ramonet integra el ala dura del socialismo más intervencionista.
Y quizá esto sea la parte más curiosa y peculiar del libro; la reunión de dos posturas encontradas, (en tanto que Chomsky aparentemente odia al Estado, mientras que Ramonet lo adora) no ha provocado una disimilitud de conclusiones, sino una absoluta coincidencia.
Y es que Ramonet termina su exposición apelando a conceptos como felicidad social, libertad, igualdad y solidaridad, en definitiva, bien público.
Reteniendo las palabras de Ramonet quizá deberíamos releer la frase de Chomsky donde denuncia a los totalitarios por creer que una élite reducida puede entender cuáles son aquellos intereses comunes.
Y éste es, sin duda, el punto de coincidencia de ambos autores. Ramonet se encuadra de lleno entre la elite de totalitarios que, según Chomsky, se creen en la posesión del bien común, mientras que Chomsky considera que ese bien común sólo es alcanzable mediante la participación consciente de todos los individuos.
Ninguno de los dos reniega de la idea de bien común a la que, una vez descubierto, deberán subordinarse todos los intereses particulares. Así, la idea de un bien común distinto y superpuesto a los falsos y manipulados bienes individuales nos conduce a coaccionar de los individuos, “por su propio bien”.
De ahí que el fanatismo izquierdista e intervencionista sea un juego tan peligroso. No sólo por los métodos coercitivos que emplean, sino especialmente por la ceguera con que los usan; no en su propio provecho, sino en el del individuo al que están coaccionando.
Cada socialista deriva una satisfacción inconmensurable de pensar que está ayudando a los demás, de que todo cuanto hace es por los demás. Se trata de un egoísmo que recurre al altruismo para obtener la felicidad. Y mientras esa sensación de intensa descarga prosiga, la coacción sobre los demás no cesará.Así, de la creencia en un bien común deducible, aún partiendo de posiciones opuestas, Chomsky y Ramonet concluyen que el individuo debe ser coaccionado para beneficio de todos, un sacrificio público para contento de los dioses. Es la retórica de buena parte de la izquierda: el de un sádico mesianismo egoísta que coloca el falso altruismo como justificación interna y externa de la destrucción que provoca.
CÓMO NOS VENDEN LA MOTO, RODRIGO GONZÁLEZ FERNÁNDEZ

Thursday, October 13, 2005

esta es la respuesta de porque los partidos y la politica esta como está....

Esta es la respuesta a los ciudadanos del porqué la política y los partidos políticos estan como estan.
Si al candidato LAVIN le parece que lo que pasó paso, es reflejo de lo que hay. Es lo mismo que cuando estúpidamente se dice " es lo que hay" o en el campo cuando dicen ; " hay que arar con los bueyes que hay"....
Lavín: "Me indigna que en una campaña presidencial se usen fondos de todos los chilenos"
Fecha edición: 13-10-2005 DIARIO LA TERCERA: http://www.latercera.cl/medio/articulo/0,0,3255_5664_165069133,00.html?voto=1&imageField.x=31&imageField.y=2

El candidato presidencial de la UDI, Joaquín Lavín, respondió con molestia a las razones del procesamiento del ex jefe de gabinete del Presidente Ricardo Lagos, Matías de la Fuente, encausado por la ministra Gloria Ana Chevesich por el delito de estafa.
"Me molesta e indigna que en una campaña presidencial se usen fondos de todos los chilenos, molesta mucho, además en una campaña presidencial que fue prácticamente un empate, molesta más todavía, y que sea un familiar del hoy Presidente quien haya desviado esas platas públicas para esa campaña presidencial, molesta más todavía", afirmó el abanderado gremialista.
No obstante, desestimó la posibilidad de hacer algún tipo de demanda al gobierno por este tema, al señalar: "Pero qué explicaciones vamos a pedir, lo que pasó pasó, pero es lamentable".
En diciembre de 1999 Lavín obtuvo el 47,51% de los votos en la elección presidencial, logrando llevar a Lagos a segunda vuelta en enero de 2000. En esta última oportunidad, el ex alcalde perdió con el 48,59% de los sufragios.

Lo que pasó pasó....Saludos al foro: Rodrigo González Fernández. consultajuridica.blogspot.com

Thursday, September 15, 2005

ESTA ES UNA NOTICIA IMPORTANTE PARA LOS PARTIDOS POLITICOS.

¿PORQUE? Van ha haber 250.000 nuevos votantes aproximadamente. Esto puede significar el trinfo de una elección presidencial.Entonces, significa que ha resultado la campaña para que los jovenes se inscribar y participen, pero no significa que el problema este resuelto, falta mucho y la campaña debe ser permanente.

Histórico aumento de jóvenes en padrón electoral de Chile
El director del Servicio Electoral, Juan Ignacio García, estimó este sábado, al cierre del registro, que al menos 450 mil nuevos votantes se inscribieron en el padrón para participar en los comicios presidenciales y legislativos del próximo 11 de diciembre.
Lunes, 12 de Septiembre de 2005
La tradicional apatía electoral de los jóvenes empezó a ceder en Chile con una amplia participación en el registro de votantes que terminó el 10 de septiembre
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El director del Servicio Electoral, Juan Ignacio García, estimó este sábado, al cierre del registro, que al menos 450 mil nuevos votantes se inscribieron en el padrón para participar en los comicios presidenciales y legislativos del próximo 11 de diciembre.
De esa cifra "podríamos llegar optimistamente a unos 250 mil que se inscriben por primera vez, que serían jóvenes, con lo cual se ha roto la tendencia a la reducción de la inscripción para votar observada en la última década", enfatizó García al explicar que el resto de los nuevos registros corresponde a personas que cambiaron de sede electoral.
Los centros de registro electoral instalados en la capital Santiago y otras ciudades tuvieron aglomeraciones y debieron ampliar en dos horas el cierre de las inscripciones por la gran cantidad de personas interesadas en inscribirse.
En los últimos meses, el Gobierno y los partidos políticos desarrollaron diversas campañas a través de los medios de comunicación para sensibilizar a la juventud a que formalizara su registro electoral.
De acuerdo a la ley electoral, la inscripción en el padrón es voluntaria, pero el voto es obligatorio y los abstencionistas son multados. El registro electoral abarca a un poco más de 8 millones de personas, entre una población nacional de 15 millones.
Los votantes chilenos elegirán el domingo 11 de diciembre al próximo Presidente del país, renovará a la totalidad de los 120 diputados en los 60 distritos electorales del país y definirá en 10 circunscripciones a 20 senadores que representan más de la mitad de la Cámara Alta.
Fuente: Xinhua, Saludos Rodrigo González Fernández, consultajuridica.blogspot.com

Monday, September 12, 2005

Transparencia de la acción parlamentaria centró mensaje de Presidente del Senado en reunión de la UIP
En su intervención en Nueva York, ante los Presidentes de Parlamentos el senador Sergio Romero destacó también los avances alcanzados por Chile con la aprobación de una nueva Constitución

La necesidad de revisar las fórmulas de participación ciudadana y de fomentar la transparencia de la acción legislativa centró el mensaje que entregó el Presidente del Senado, Sergio Romero, en la segunda reunión de titulares de los Parlamentos que organizó la Unión Interparlamentaria Mundial y se realiza desde este miércoles en Nueva York.
En su intervención destacó los avances alcanzados por nuestro país, especialmente en torno a las reformas constitucionales recientemente aprobadas por el Congreso Nacional, los altos niveles de transparencia y de participación alcanzados, no solamente en los procesos eleccionarios, sino también en la fiscalización, la toma de decisiones y la publicidad que se otorga a los actos y resoluciones de los organismos del Estado y del Parlamento.
“La ciudadanía, cada vez más exigente, desea canales rápidos, claros y efectivos de información y participación en el proceso de toma de decisiones de los Congresos. Hemos impulsado una política de mayor transparencia y una actitud de permanente revisión y auto cuestionamiento de nuestros procesos”, indicó el senador Romero.
El titular de la Cámara Alta dijo que atrás quedaron los años en que la actividad legislativa se asimilaba a una verdadera "caja negra", en la cual se podía advertir cuándo ingresaba un proyecto ley, pero nunca se tenían noticias de las discusiones que éste acarreaba ni el resultado final que se obtenía.
“Debemos llevar a la práctica el salto cualitativo que nuestras democracias requieren, consistente en pasar desde un estilo “formal”, centrado en la participación ciudadana, a una democracia de fondo, sólida, con altos niveles de transparencia y participación, no sólo en las elecciones, sino que en la fiscalización y en la toma de decisiones”, enfatizó.
El parlamentario agregó que los ciudadanos exigen que la transparencia se traduzca en que sean públicos todos los actos y resoluciones de los organismos del Estado y que las posiciones sean en lo posible fundadas. “Quieren que nuestra acción no termine en la elaboración y publicación de las legislaciones, exigen que haya un seguimiento y control por los propios Parlamentos, para constatar que la debida coherencia y espíritu en su aplicación sea efectiva”, sostuvo.
El encuentro, que se llevará a cabo en el edificio de Naciones Unidas es la antesala a la reunión de jefes de Estado que se realizará entre el 14 y 19 de septiembre. En ella intervendrá también el Presidente de la Cámara de Diputados Gabriel Ascencio.
La conferencia está convocada como recordatorio a la cita organizada por la Unión Interparlamentaria Mundial en el año 2000 , con ocasión de la Asamblea del Milenio. En esa oportunidad se invitó a los parlamentos y a sus miembros a asumir mayores cuotas de responsabilidad a nivel nacional e internacional.

Sunday, September 11, 2005

INTERESANTE CONFERENCIA DE LA UNION PARLAMENTARIA MUNDIAL EN NUEVA YORK.
Suiza aboga por responsabilidad política en la evolución del clima
Thèrese Meyer presidenta del Consejo Nacional intervino en Conferencia de la Unión Parlamentaria Mundial en Nueva York.
Thèrese Meyer presidenta de la Cámara baja del Parlamento suizo (Foto LDD)

La voz de una mujer y diputada suiza se hizo sentir en la segunda conferencia de presidentes de los parlamentos del mundo celebrada entre el 7 y 9 de septiembre en la sede de Naciones Unidas en Nueva York.
La Parlamentaria suiza se refirió en particular a un tema de actualidad, la responsabilidad humana ante la evolución del clima mundial. “Es un asunto de todos y en particular está en juego la responsabilidad de los parlamentos democráticos”, dijo.
Es la primera vez que Suiza hace llegar un mensaje internacional a favor de los cambios climáticos y afirma la responsabilidad de los hombres políticos en la adopción de leyes tendientes a salvaguardar el medio ambiente.
Democracia y buena gobernabilidad
Thèrese Meyer intervino en el tema “democracia y buena gobernabilidad” en el marco de la conferencia organizada por la Unión Interparlamentaria Mundial, el segundo evento que congrega únicamente a los presidentes de las diferentes cámaras que componen los parlamentos democráticos.
La presidenta del Consejo Nacional helvético (cámara de diputados) se refirió en su intervención a la responsabilidad general de las democracias en la promoción de la paz, tarea que debe ser asumida de manera prioritaria, dijo.
En ese marco Thèrese Meyer se refirió a la experiencia helvética en la materia y al hecho de que la promoción de la paz hace parte de los principales objetivos de la política exterior de Suiza. Cabe recordar que la ciudad de Ginebra es depositaria de los convenios humanitarios internacionales que obran a favor de los objetivos de paz.
Reforzar la solidaridad
Además evocó la necesidad de reforzar la solidaridad entre países ricos y pobres y de la complementariedad entre hombre y mujeres en los parlamentos. La representante helvética instó además, a que los parlamentarios del mundo incrementen su participación en los asuntos internacionales.
La delegación helvética está compuesta además por el vice-presidente del Consejo de los Estados (Senado), Peter Bieri (PDC, ZG), que presidió durante algunas horas la conferencia de la Unión Interparlamentaria Mundial .
Objetivos del milenio
La segunda Conferencia de presidentes de parlamentos debatió, además, sobre los diferentes medios que permitan incrementar la participación parlamentaria en los asuntos de política internacional. Otro objetivo es alcanzar la meta del milenio para el desarrollo.
Los participantes propusieron diversos criterios y mecanismos para hacer avanzar la democracia en el mundo para suplir en el déficit democrático en las relaciones internacionales.
Los presidentes de los parlamentos adoptaron una declaración final destinada a los jefes de Estado del Mundo entero. Swisslatin

Saturday, September 10, 2005

"LOS SISTEMAS ELECTORALES, ESPECIALMENTE EL SISTEMA LLAMADO "MAYORITARIO" EN EL DERECHO COMPARADO" de Thomas John Connelly es una excelente publicacion que nos enseña y nos ayuda a la discusión :

Es común que la literatura especializada reconozca una distinción entre los sistemas mayoritarios, que operan según mayorías simples o absolutas con candidaturas uni- o binominales, y los sistemas proporcionales, que determinan los resultados según mecanismos tales como el uso de cuocientes. Sin embargo, la misma literatura señala que es necesario matizar la referida distinción para comprender la problemática encerrada en la cuestión del sistema electoral.
"...En efecto, la separación tradicional entre sistemas mayoritarios y sistemas proporcionales no consideraba la distinción entre el método empleado para asignar los escaños y el efecto de representación que ese método producía. Así, entonces, la clasificación era muy simple: aquel sistema que asignaba escaños por mayorías (absolutas y relativas) y que coincidía generalmente con distritos uninominales (en Gran Bretaña predominaban los binominales hasta 1832) era denominado mayoritario; y aquel que aplicaba métodos de cocientes o de divisor, generalmente con distritos plurinominales, se denominaba proporcional. En los llamados sistemas mayoritarios resultaba elegido el candidato con más votos o el que supera la mitad de los votos en su distrito, según sea mayoría relativa o absoluta. En los llamados sistemas proporcionales resultaban elegidos aquellos candidatos que obtuvieran la cantidad de votos resultantes del sistema de cómputo aplicado (el sistema de cifra repartidora, por ejemplo).
"Sin embargo, la práctica de los sistemas electorales ha demostrado que la realidad es más compleja. Algunos sistemas de decisión mayoritaria producen una representación proporcional y, a la inversa, sistemas de decisión proporcional producen una representación mayoritaria. O sea, como lo advierte el profesor de Heidelberg, Dieter Nohlen, `el principio de decisión (ya sea de mayoría absoluta o relativa, o bien de un porcentaje proporcional) y el principio de representación (la relación entre votos y escaños) pueden ser divergentes’...". (Fernández, 1989, p. 51).
A un nivel de análisis general, está el factor de los objetivos políticos globales de un sistema electoral, es decir, el efecto de representación deseado por los que logran imponer el sistema para las elecciones venideras. Según este criterio un sistema puede ser, formalmente, proporcional pero tener, en la práctica, efectos mayoritarios. Por ejemplo, en España en 1982, con un sistema electoral proporcional, el PSOE, Partido Socialista Obrero Español, obtuvo la mayoría parlamentaria con 42% de los votos, debido al tamaño de los distritos electorales. (Fernández 1989, p. 52. Incluye otros ejemplos).
A un nivel de análisis un tanto menos general, es importante considerar algunos factores de diversa índole, por ejemplo:
A. La tradición o la historia de los partidos políticos en el país
En el caso que se ha dado una situación de pluri-partidismo durante largo tiempo, inclusive durante períodos largos de gobierno autoritario (como son los casos de Argentina, Grecia, y Uruguay, mencionados en Fernández, 1986, p. 12), parecería razonable concluir que el sistema electoral no será determinante, por sí solo, de la futura evolución del número de partidos políticos en aquel país. Varios autores señalan que la imposición de un sistema mayoritario o binominal en un país como Chile, con una larga experiencia pluri-partidista, podría llevar a mayor inestabilidad política al negar representación a bloques ideológicos grandes que aparentemente no dejarán de existir a causa de encontrarse sin representantes elegidos en el Parlamento o las demás instancias electivas del Estado.
Al respecto, Valenzuela y Siavelis argumentan que: "... el sistema electoral vigente (1991) no alentará la consecución de los objetivos que estaba diseñado a alcanzar. Dado el fuerte enraizamiento de las tradiciones en las políticas de los partidos chilenos, los militares se equivocaron al suponer que un cambio en el sistema electoral podría modificar la herencia del pluripartidismo chileno. Pero, lo que es más serio aún, debido a la permanencia de determinados rasgos del sistema de partidos en Chile, este estudio mostrará que la ley de elecciones en sí puede convertirse en un impedimento importante para alcanzar el objetivo de mayor estabilidad política y moderación en el debate nacional. Esto por dos razones:
"1) Aunque la ley electoral dio los resultados esperados en la primera elección democrática después del término del régimen militar, garantizándole un espacio a la derecha política y contribuyendo a coaliciones con discursos moderados, sería un grave error pensar que la ley garantiza esos resultados. Por el contrario, la ley puede contribuir a una gran volatilidad política. Como el sistema electoral tiene las características básicas de un sistema mayoritario/pluralista y es sumamente sensible, levísimos desplazamientos en la distribución de los votos pueden provocar cambios bruscos en la representación parlamentaria. La volatilidad del sistema electoral aparece comprobada en un ejercicio de simulación que muestra cuán fácilmente la derecha podría ser desplazada en el Parlamento, pasando de una sobrerrepresentación, de la que goza hoy, a una subrepresentación en las próximas elecciones.
"2) Debido a esa volatilidad, la ley puede contribuir a la exclusión de corrientes ideológicas enteras de toda representación legislativa. Por la fortaleza de las tendencias políticas de derecha, centro e izquierda en Chile, es ilusorio pensar que su falta del representatividad llevaría a su desaparición. También es muy poco probable que las tendencias se fusionen hacia el centro político, ya que éste está marcado por un partido del centro, con su propia identidad histórica e ideológica. La exclusión de una tendencia importante del quehacer nacional sin duda tendría consecuencias desestabilizadoras. Es más, aunque el sistema electoral contribuye a evitar una fragmentación partidaria, está claro que no incentiva un bipartidismo. La tendencia del sistema electoral en el caso chileno es reforzar los ‘tres tercios’ de la política nacional, aun más que un sistema de representación proporcional. Estas realidades hacen del sistema electoral chileno un serio obstáculo para la consolidación de la democracia." (Valenzuela, 1991, p. 32s.).
Al respecto, Fernández opina:
"La realidad empírica de la historia política chilena, por lo menos claramente después de 1891, muestra una tendencia persistente y enraizada al multipartidismo, que ha sido independiente de las variaciones de los sistemas electorales y de sus reformas. El mismo año 1973, sin ir más lejos, con la interpretación de respaldar los pactos electorales a través de ‘confederaciones’ y ‘federaciones’ de partidos, se obligó a la formación de dos bloques electorales. Sin embargo, esa ficción política no evitó la permanencia de varios partidos los que, en un marco de alianzas, negociaron las candidaturas a lo largo del país. El efecto de esta reducción forzada, sin embargo, fue una mayor polarización del sistema de partidos y del proceso político. Lo mismo puede ocurrir ahora (1989) con la ley propuesta. El cálculo electoral de todos los partidos será inevitable y se verán obligados a realizar ‘pactos de facto’, distribuyéndose los distritos según meros criterios de negociación política, sin base electoral cuantitativa. Así, se produciría una doble apariencia o distorsión de la realidad política. Por una parte habría un multipartidismo escondido, y, en segundo lugar, habría un misterio sobre cuántos votos tiene efectivamente cada partido en el nivel nacional.
"El binominalismo propuesto -sistema inédito en el mundo en una escala nacional- en el marco del sistema de partidos chileno y en la fase del proceso post-plebiscito tendrán un efecto polarizante, más que de consenso. Los bi-partidismos de EE.UU. e Inglaterra (al parecer modelos de los autores de la ley) además de ser auténticos y antiguos, tienden a la moderación o al compromiso debido a la estabilidad y legitimidad del sistema político y socio-económico, no en razón de sistema electoral." (Fernández, 1989, p. 47)
El mismo autor agrega: "Si se quiere conseguir un bipartidismo o más bien un bi-posicionismo, éste no será otro que en torno al dilema democracia-dictadura o comunismo-democracia que, obviamente, no conduce a nada en términos de un sistema estable". (Fernández, 1989, p. 29). Contraria a estas opiniones es la de Cruz Coke (1986), quien argumenta que: "La aplicación en Chile de un sistema proporcional desde el año 1925 al año 1973, favoreció la competencia multipartidista, creó indisciplina parlamentaria e inestabilidad política y privó a los diversos gobiernos de las mayorías parlamentarias que requerían para su acción gobernante" (p. 7). Y agrega: "De todo este estudio se deduce que es fundamental quebrar la constante histórica de los tres tercios electorales mediante los mecanismos de la ley electoral (subrayo del autor) y la única manera lo es a través de un sistema eficiente, como es el sistema binominal en estudio". Además, en la Comisión de Estudios de la Nueva Constitución, "...los sistemas proporcionales fueron descartados desde un comienzo. Así, en la sesión N° 337 de la Comisión de Estudios, celebrada el 7 de marzo de 1978, en la cual comenzó a tratarse la organización de los poderes legislativo y ejecutivo, las intervenciones de los comisionados Guzmán, Bulnes y Carmona, con distinto énfasis, rechazaron aquellos sistemas y manifestaron su preferencia por algún sistema mayoritario. Así. Jaime Guzmán consideraba que ‘si se adopta el sistema electoral de la "cifra repartidora" es absolutamente inevitable que se tienda a la "partitocracia" y a la existencia de partidos políticos como maquinarias de poder; en cambio, si se implantan otros sistemas electorales, como el denominado "lista incompleta", hay posibilidades de resultados muy distintos de la expresión popular’ (Actas p. 1961-1962). Luz Bulnes, estimaba que al introducirse en 1925 el sistema de representación proporcional se dio representación a la mayoría y a la minoría, llegándose indefectiblemente al pluripartidismo, el cual, a diferencia del bipartidismo, obstaculiza el régimen presidencial. ‘Si se adopta el régimen presidencial -insistía- no se puede continuar con el de representación proporcional, porque él se contradice con el presidencialismo, el cual no funciona con ese sistema no con el pluripartidismo’ (Actas, p. 1963). Juan de Dios Carmona, por su parte, manifestó igualmente su preferencia por un sistema electoral mayoritario a objeto de fortalecer la autoridad presidencial. A su juicio -según recoge el Acta su pensamiento- la mejor defensa del régimen democrático es la expresión de la mayoría, y las crisis que ha sufrido el sistema democrático hasta ahora han surgido por el prurito de asegurar todos los derechos de la minoría olvidando los de la mayoría, y le parece que en este instante se debe dar un vuelco en ese sentido y asegurar la expresión de esta última (Actas, p. 1965).
"Este rechazo de los sistemas proporcionales se mantuvo constante en la Comisión. De ahí que en la reunión N° 372, del 17 de mayo de 1968 (sic. Debe decir 1978), el Presidente de la Comisión, Enrique Ortúzar, al resumir el estado de la cuestión antes de entrar a ocuparse derechamente de las bases del derechamente de las bases del sistema electoral en una reunión a la que asistía invitado el Presidente de la Subcomisión que se ocupaba del Sistema Electoral y de los Partidos Políticos, Guillermo Bruna, expresara: ‘Se concluyó que el sistema proporcional, de cifra repartidora, ofrece serios inconvenientes, que es necesario modificarlo sobre la base de establecer un sistema mayoritario, que signifique una real expresión de las mayorías y que garantice la igualdad de posibilidad entre los sectores políticos y los independientes que contribuyan a la generación del poder político’ (Actas p. 2590).
"Finalmente, el Informe de la Subcomisión de Reforma Constitucional encargada del estudio del Sistema Electoral y del Estatuto de los Partidos Políticos, al responder a la consulta formulada sobre las bases constitucionales del sistemas electoral, rechazó de modo tajante toda forma proporcional. Por su interés, conviene citar por extenso los pasajes pertinentes:
‘El sistema proporcional imperante en nuestro país hasta el 11 de septiembre de 1973, a juicio de esta Subcomisión estimuló la división de la sociedad y agravó la lucha entre los partidos políticos, entidades que, con el tiempo, fueron monopolizando la expresión ciudadana con exclusión casi absoluta de los sectores independientes, lo que contribuyó a la inestabilidad de los gobiernos con gran rotativa de alternativas, exageró el poder de las directivas nacionales de los partidos y creó las condiciones ideales para el surgimiento de las colectividades marxistas.‘En efecto, el sistema de representación proporcional presenta, en nuestro concepto, una serie de inconvenientes que pueden resumirse en los siguientes:
1.- Se produce una desvinculación entre ciudadanos y candidatos, pues éstos normalmente no los interpretan por el hecho de que sólo los partidos políticos efectúan las nominaciones, circunstancia que obliga a los electores, por carecer de alternativa, a darles sus preferencias:
2.- Al favorecer la expresión de todas las opiniones acentúa la función de las oposiciones sin matices y el carácter conflictivo de las sociedades políticas, haciendo difícil el establecimiento de una mayoría permanente de Gobierno.
3.- Las listas electorales son obra de las directivas de los partidos políticos que tienen así la clave de la elección.
4.- La antigüedad en el partido, la disciplina y el fervor de los precandidatos constituyen elementos de importancia decisiva para ser considerados en la respectiva lista por los dirigentes políticos.
5.- Los grupos políticos que desaprueban las reglas del juego agravan los desacuerdos entre las fuerzas políticas democráticas, influyendo sobre el proceso de decisión y tratando de politizarlo.
6.- Si es natural la fragmentación de la opinión pública, la representación proporcional la acentúa. Si ella no es natural, dicho sistema la puede causar.‘Pero, sin lugar a dudas, el principal defecto del sistema electoral estatuido en la Constitución de 1925 y sus leyes posteriores, fue el de entregar a los partidos políticos el monopolio absoluto de las elecciones, convirtiéndolas en el único conducto de la participación ciudadana. Es así como después de la dictación de la Ley N° 14.853, de mayo de 1962, fue prácticamente imposible, por todos los requisitos exigidos, que un ciudadano independiente pudiera presentarse de candidato. En efecto, el Poder Legislativo estuvo completamente controlado por aquellos. De los 1.749 diputados elegidos durante las 12 elecciones parlamentarias de la República, solamente 14 (0,8%) fueron independientes. Un total de 62 partidos políticos lograron representación en el Congreso. En las elecciones de 1953 se presentaron 36 organizaciones políticas a las elecciones parlamentarias y municipales conjuntas y 18 de ellas lograron obtener diputados. Pese a una reacción en 1961 y 1969, en que el número de partidos se redujo a sólo cinco, el electorado se alejó de los partidos políticos y ello derivó en las grandes abstenciones registradas en las seis últimas elecciones parlamentarias que alcanzaron a 25,1%, como promedio, contra sólo un 14% de las elecciones presidenciales. Una gran masa de unos 500 mil electores se abstenía y manifestaba así repudio a la dictadura de los partidos políticos.‘Todo ello nos ha llevado a la conclusión de que debe abandonarse la idea de consagrar nuevamente un sistema electoral proporcional, sustituyéndolo por otro que corrija los defectos del primero' (Actas, p. 3170-3171)." (Bertelsen, 1988, p. 24ss).
B. El sistema de Gobierno
Presidencial; semi-presidencial; o parlamentario. Fernández sugiere que, en el sistema presidencial vigente hoy en Chile, el debate sobre la forma de elegir a los parlamentarios es prácticamente irrelevante.
"... El sistema electoral es un compromiso entre las fuerzas políticas en el ámbito constituyente que no puede ser independiente del concepto y del modelo de democracia que abarque el mismo compromiso. Pongámoslo de manera brusca. ¿Qué importancia tendría una discusión a fondo sobre el sistema electoral del parlamento si la estructuración de la forma del gobierno fuera marcadamente presidencialista?... El rol que tendrá el parlamento en el sistema político es clave para determinar el sistema electoral por el cual se eligen sus miembros. Y no sólo la relación de la elección de parlamento con el tipo de democracia está ligada con la estructura de la forma de gobierno central, sino con las variadas dimensiones de la división vertical de poder y de la participación popular.
"La introducción de la regionalización, de la descentralización o desconcentración del poder y del gobierno local en el tema de la estructuración del sistema político, trae consigo elementos nuevos y, por los tanto, inéditos en su incorporación a la discusión electoral. Cómo combinar la mantención del estado unitario con regionalización y descentralización con un sistema electoral que materialice una representación adecuada a esos fines, constituye un desafío muy serio para la estructuración de una democracia estable." (Fernández, 1986, p. 13s.).
Además, es importante tomar en cuenta el rol (o los roles) que tendrán los representantes elegidos dentro del sistema general de gobierno del país. Por ejemplo, si el Parlamento funcionará, en grado importante, como cuerpo constituyente o como cuerpo consultor del Ejecutivo, que se beneficiará de la moderación y experiencia de los Senadores designados.
C. La ley de los partidos políticos
Esta ley influye fuertemente en el funcionamiento del sistema electoral al facilitar o dificultar la creación de partidos políticos y/o al crear condiciones para la generación de pactos electorales (sean explícitos o tácitos).
Al abordar la cuestión de los sistemas electorales como tales, la literatura revisada señala que el sistema electoral influye poco en el número de partidos políticos y contribuye poco a la estabilidad o inestabilidad del régimen político del país.
"... El punto clave es que los dos sistemas (mayoritario/pluralista y la representación proporcional) involucran conceptos distintos de representación. Por lo general, los partidarios del sistema mayoritario abogan por él porque consideran que produce una mayor estabilidad y eficacia gubernamental al incentivar la formación de un sistema bipartidista y la configuración de mayorías de gobierno.
"Los partidarios de un sistema proporcional, por otro lado, argumentan con igual fuerza que los sistemas mayoritarios crean una desproporcionalidad entre las preferencias populares y la representación política real (una desproporcionalidad que contribuye a deslegitimar el sistema, problema especialmente serio en sociedades muy divididas) contribuyendo no a la estabilidad política, sino a la inestabilidad. Para ellos, el sistema proporcional incentiva la estabilidad al conseguir un reflejo más fiel del electorado en la representación parlamentaria, aun si no obstaculiza el multipartidismo.
"El problema con esta controversia es que es muy dudoso que el sistema electoral en sí pueda configurar el sistema de partidos políticos. Aunque el sistema electoral afecta en forma categórica la fuerza política relativa de los actores y los puestos de liderazgo político que obtiene, el sistema de partidos políticos, el grado de fraccionamiento político,número de partidos y distancia ideológica entre ellos responde a otras determinantes. El sistema de partidos es más bien el producto de las divisiones y conflictos fundamentales en una sociedad que el resultado de una fórmula electoral". (Valenzuela, 1991. p. 35s.).
Junto con los factores y variables señalados arriba, es también importante tomar en cuenta la definición de los distritos o circunscripciones electorales en el análisis de los diversos sistemas electorales.
Con respecto a esta cuestión, Miranda (1981, p. 61s.) comenta los estudios de D. Rae:
"...los sistemas de distritos pluripersonales y fórmulas de representación proporcional propenden a tener un menor impacto en la composición del sistema de partidos parlamentario.
"Con respecto a cuál de las dos variables que conforman el sistema elector, fórmula electoral y magnitud de los distritos electorales, podría ser responsable por los efectos mencionados, Rae señala que si bien a primera vista la fórmula electoral utilizada pareciera ser decisiva, el número de representantes asignados a cada distrito es sin embargo crucial. Es decir, la proporcionalidad en la traducción de votos a cargos depende fundamentalmente de la magnitud de los distritos o circunscripciones electorales: a mayor número de representantes por distrito, menor es la bonificación en términos de asientos o candidatos electos que los sistemas electorales otorgan a los partidos que obtienen el número más alto de votos. Por cierto, añade Rae, las diferencias existentes entre las distintas fórmulas de representación proporcional con respecto a la proporcionalidad misma de las asignaciones a las que pueden dar lugar, se desvanecen ‘cuando se permite alguna variación en la magnitud de los distritos’. En suma, las fórmulas electorales de representación proporcional son responsables sólo en forma limitada por el grado de variación entre el porcentaje de votos obtenidos ynúmero de candidatos electos de cada partido. Rae procede luego a afirmar que el número mínimo de votos requerido para obtener un representante es función de la magnitud del distrito o número de representantes a ser elegidos por un distrito, del grado de fraccionamiento del sistema de partidos electoral y del porcentaje de votos alcanzados por la agrupación...".

BIBLIOGRAFIA

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22. GRAN BRETAÑA. "Legislación Electoral". En: Boletín de Legislación Extranjera. Madrid. Nºs 108-111. Sept-Dic. 1990. Con Indices. p. 121-220.
23. GUTIERREZ BERMEDO, Hernán. "Análisis Comparativo del Sistema de Partidos y las Elecciones Generales en Chile 1989". Estudios Internacionales. Año XXIV. Enero-Marzo 1991. Nº 93. p. 81-105.
24. HERNANDEZ BECERRA, Augusto. Las elecciones en Colombia (Análisis jurídico-político).Centro Interamericano de Asesoría y Promoción Electoral. 1986.
25. ITALIA. "Legislación Electoral". En: Boletín de Legislación Extranjera. Madrid. Nºs 108-111. Sept-Dic. 1990. Con Indices. p. 221-222.
26. MARTINEZ CUADRADO, Miguel. "Bases, principios y criterios de la reforma electoral española: Examen jurídico-constitucional". Revista de Estudios Políticos (Nueva Epoca). Nº 34, julio-agosto 1983. p. 41-59.
27. MIRANDA H., M. Teresa. "El Sistema Electoral y el Multipartidismo en Chile: 1949-1969". Revista de Ciencia Política. Instituto de Ciencia Política. Pontificia Universidad Católica de Chile. 1981. p. 59-69.
28. MOLINA, José Enrique. Democracia representativa y participación política en Venezuela. Centro de Asesoría y Promoción Electoral, 1986.
29. MOULIAN EMPARANZA, Tomás. "Sistemas de Partidos y Régimen Político entre 1932-1973". Revista de Ciencia Política. Edición Especial. Instituto de Ciencia Política, Pontificia Universidad Católica de Chile. Septiembre 1988. p. 32-41.
30. NOGUEIRA ALCALÁ, Humberto. "Sistemas Electorales y Sistema de Partidos Políticos". Documentos D/4/86. Instituto Chileno de Estudios Humanísticos. Con bibliografía y Cuadros.
31. NOHLEN, Dieter. "El análisis comparativo de sistemas electorales, con especial consideración del caso chileno". Estudios Públicos. Centro de Estudios Públicos, Nº 18, Otoño 1985, p. 69-86.
32. ----- "Reforma del sistema electoral español: conveniencias, fórmulas y efectos políticos". Revista de Estudios Políticos (Nueva Epoca). Nº 34, julio-agosto 1983. p. 61-68.
33. PORTALES C., Carlos. Un sistema electoral para una democracia estable. Flacso. Chile. sin fecha. 38 p.
34. REPUBLICA FEDERAL DE ALEMANIA. "Legislación Electoral". En: Boletín de Legislación Extranjera. Madrid. Nºs 108-111. Sept-Dic. 1990. Con Indices. p. 271-291.
35. ROSE, Richard. "En torno a las opciones en los sistemas electorales: alternativas políticas y técnicas". Revista de Estudios Políticos (Nueva Epoca). Nº 34, julio-agosto 1983. p. 69-106.
36. SARTORI, Giovanni. "La influencia de los sistemas electorales". Estudios Públicos. Centro de Estudios Públicos, Nº 17, Verano 1985, p. 5-32.

37. TORRES DUJISIN, Isabel. "Historia de los Cambios del Sistema Electoral en Chile a partir de la Constitución de 1925". Serie Documentos FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Sin fecha. 54 p. Contiene bibliografía.

38. VALENZUELA, Arturo y Peter Siavelis. "Ley Electoral y Estabilidad Democrática: Un ejercicio de simulación para el caso de Chile". Estudios Públicos. Nº 43, Invierno, 1991. p. 27-87.

39. VILLEGAS ANTILLÓN, Rafael. El tribunal supremo de lecciones y el registro civil de Costa Rica (Análisis Jurídico-Estructural y Técnico). Centro Interamericano de Asesoría y Promoción Electoral, 1987. p. 57.

40. ZEV PALTIEL, Khayyam. "Financiamiento de la campaña electoral". Estudios Públicos. Nº 13, verano 1984, p. 99-139.

Nota: Preparada en base a la selección bibliográfica realizada por la Sección Hemeroteca de la Biblioteca del Congreso Nacional.

Saludos Rodrigo González Fernández consultajuridica.blogspot.com



PARTIDOS Y MOVIMIENTOS NO INSCRITOS

PARTIDOS Y MOVIMIENTOS NO INSCRITOS
EN REGISTRO ELECTORAL.


Partidos y movimientos políticos
no inscritos en el Registro Electoral Juventud política

• Partido Regionalista PARE
• Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR
• Movimiento Patriótico Manuel Rodríguez
• Izquierda Cristiana
• Unión Nacionalista de Chile
• Organización Democrata Cristiana de America (ODCA)
• Patria Nueva Sociedad Chile (PNS)
• Atina Chile
• Juventud UDI Metropolitana
• Jota Web

NOMINA DE PARTIDOS POLITICOS EN CHILE

PARTIDOS POLITICOS LEGALMENTE CONSTITUIDOS VER WWW.SERVEL.CL

Fechas de Constitución de Partidos Políticos en cada Región

Renovación Nacional

Partido Demócrata Cristiano

Partido Por la Democracia

Unión Demócrata Independiente

Partido Socialista de Chile

Partido Comunista de Chile

Partido Radical Socialdemócrata

Alianza Nacional de los Independientes

Partido Humanista

Partido de Acción Regionalista de Chile

Friday, September 09, 2005


DESDE LA CONSULTAJURIDICA.BLOGSPOT.COM

DONACIONES A LOS PARTIDOS POLITICOS

¿COMO HACER DONACIONES A LOS PARTIDOS POLITICOS?

¿SE PUEDEN HACER DONACIONES A LOS PARTIDOS POLITICOS?

Se nos consulta por un empresario de tamaño mediano , pero que tiene intereses políticos concretos: ¿Cómo hacer donaciones a partidos políticos?Para responder en forma general nos vamos a bcn, allí encontramos respuesta que transmitimos al publico en general, luego que hemos hechos nuestro informe en particular. Les reomiendo utilizar la biblioteca del Congreso Nacional hay mucho material para consultas jurídicas y ciudadanas, se sorprenderán http://www.bcn.cl/
Lea ademásLas donaciones a instituciones y sus beneficios
Documentos sobre el tema
Donaciones en Chile en la prensa nacional
Normas chilenas relacionadas
Lecturas sobre el tema
Experiencias legislativas en otros países del mundo
Enlaces de interés

El 31 de octubre de 2004 se realizarán elecciones municipales en todo el país y comienza ya a cobrar relevancia el tema de las donaciones monetarias hacia los partidos políticos y candidatos, de parte de personas naturales, empresas y diversas organizaciones sociales.

Para normar estas actividades existe una clara legislación al respecto.
Las dos leyes más importantes a tener en cuenta son la N° 19.884, sobre transparencia, límite y control del gasto electoral, y la N° 19.885, sobre el buen uso de donaciones que originan beneficios tributarios, ambas publicadas en 2003.

En la ley 19.884 hay que hacer notar dos aspectos. El primero es que fija un límite de dinero que una persona natural o jurídica puede donar a campañas políticas, sea a uno o varios partidos, sea a uno o varios candidatos. Los límites son: 1.000 UF para cada candidato, 10.000 UF para cualquier conjunto de candidatos, y 10.000 UF para un mismo partido político. Una segunda definición de límite se da para las campañas de elecciones municipales, que fija un tope de 120 UF más 0,03 UF por el número de votantes inscritos en cada comuna para los candidatos a alcalde.

En el documento adjunto, elaborado por el Servicio Electoral, se especifica el monto máximo en dinero que cada candidato a alcalde y a concejal puede gastar para estos comicios venideros.

El segundo aspecto es que se crean tres mecanismos para efectuar donaciones que buscan hacer más transparentes los procesos y evitar los tráficos de influencias y los cobros de favores. Estos son:

Donaciones anónimas: Sólo el donante y el receptor de los dineros saben de esta operación, que no se publica a la ciudadanía. Sin embargo, deben haber registros contables de la donación, hay un límite de 20 UF para cada donación individual y éstas, en conjunto, no pueden superar el 20% del límite total que el candidato puede gastar en la campaña.Donaciones con publicidad:
Las donaciones deben constar por escrito en documentos que consignen la identidad del donante, documentos que deben estar disponibles para los medios de comunicación y público en general. Si una donación es mayor que 600 UF (o el 10% del gasto máximo de campaña, lo que sea menor) por candidato o de 3.000 UF por partido (o también el 10% del gasto máximo de campaña), debe por obligación ser con publicidad.

Donaciones reservadas: El donante entrega un monto de dinero al Servicio Electoral, que registra la identidad de aquél y a qué partido o candidato desea que se entreguen los fondos. Luego, la institución reúne todos los aportes que se han hecho en una semana por distintos donantes a un mismo beneficiario y le entrega el monto total, sin detallar quién donó cuánto. Esto protege a la ciudadanía de extorsiones o tratos sucios entre políticos y donantes, pues para nadie hay manera de comprobar si hubo realmente una entrega de dineros. También para este sistema se especifica un límite monetario: las donaciones reservadas deben ser de entre 20 UF y el tope señalado para las donaciones con publicidad. En su título II, la Ley N° 19.885 determina el carácter de las donaciones a entidades políticas que pueden ser deducibles de impuestos. Para ello la entidad debe estar inscrita como partido político en el registro electoral, la donación a candidatos debe hacerse entre el día final de inscripción de candidaturas y el día mismo de la elección, debe hacerse según las formalidades que establezca el Servicio Electoral, y no puede superar "el equivalente al 1% de la renta líquida imponible correspondiente al ejercicio en el cual se efectúe la donación".

Esta ley además da normas generales para todo tipo de donaciones a organizaciones sociales y prohíbe las contraprestaciones de parte de la entidad receptora hacia los donantes, es decir, no pueden cobrarse "favores" a cambio de la donación. Esta normativa tuvo notoriedad al ser promulgada pues hizo extensiva esta prohibición a la Ley N° 18.985 sobre donaciones con fines culturales, conocida popularmente como "Ley Valdés", lo que en la práctica significó que las donaciones para actividades culturales se vieron reducidas, ya que, por ejemplo, el regalar ejemplares de libros o entradas a espectáculos puede ser considerado una contraprestación.

CON ESTO LOS EMPRESRIOS QUE QUIERAN DONAR A PARTIDOPS POLÍTICOS AHORA QUE ESTAMOS EN ELECCIONES TIENEN UN BUEN MARCO DE ACTUACION DENTRO DE LA LEGALIDAD VIGENTE
SALUDOS RODRIGO GONZALEZ FERNANDEZ consultajuridica.blogspot.com

Wednesday, September 07, 2005

COMO SE ELIGE PRESIDENTE DE LA REPUBLICA

Desde la Presidencia de la República > Cómo se elige al Presidente

Requisitos para ser elegido Presidente
• Ser chileno •
Tener cumplidos 40 años de edad •
Ser ciudadano con derecho a sufragio

El período de mandato es de 6 años no pudiendo ser reelegido para un período siguiente.

Forma de elección del Presidente de la República

El Presidente de la República será elegido en votación directa y por mayoría absoluta de los sufragios válidamente emitidos. La elección se realizará, en la forma que determine la ley, noventa días antes de aquél en que deba cesar en el cargo en el que esté en funciones. Si a la elección de Presidente de la República se presentaran más de dos candidatos y ninguno de ellos obtuviera más de la mitad de los sufragios válidamente emitidos, se procederá a una segunda votación que se circunscribirá a los candidatos que hayan obtenido las dos más altas mayorías relativas y en ella resultará electo aquel de los candidatos que obtenga el mayor número de sufragios. Esta nueva votación se verificará, en la forma que determine la ley, el trigésimo día después de efectuada la primera, si ese día correspondiere a un domingo. Si así no fuere, ella se realizará el domingo inmediatamente siguiente al referido trigésimo día. Para los efectos de lo dispuesto en los dos incisos precedentes, los votos en blanco y los nulos se considerarán como no emitidos. Clasificación, Proclamación y Juramento del Presidente de la República

El proceso de calificación de la elección presidencial deberá quedar concluido dentro de los quince días siguientes a la primera o segunda votación, según corresponda.
El Tribunal Calificador de Elecciones comunicará de inmediato al presidente del Senado la proclamación de Presidente electo que haya efectuado.

El Congreso Pleno, reunido en sesión pública noventa días después de la primera o única votación y con los miembros que asistan, tomará conocimiento de la resolución en virtud de la cual el Tribunal Calificador proclama al Presidente electo. En este mismo acto, el Presidente electo prestará ante el presidente del Senado, juramento o promesa de desempeñar fielmente el cargo de Presidente de la República, conservar la independencia de la Nación, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes, y de inmediato asumirá sus funciones. Impedimentos del Presidente de la República para asumir el cargo Si el Presidente electo se hallare impedido para tomar posesión del cargo, asumirá, mientras tanto, con el título de Vicepresidente de la República, el Presidente del Senado; a falta de éste, el Presidente de la Corte Suprema, y a falta de éste, el Presidente de la Cámara de Diputados. Con todo, si el impedimento del Presidente electo fuere absoluto o debiere durar indefinidamente, el Vicepresidente, en los diez días siguientes al acuerdo del Senado adoptado en conformidad al artículo 49, Nº 7º, expedirá las órdenes convenientes para que se proceda, dentro del plazo de sesenta días, a una nueva elección en la forma prevista por la Constitución y la Ley de Elecciones.

El Presidente de la República así elegido asumirá sus funciones en la oportunidad que señale esa ley, y durará en el ejercicio de ellas hasta el día en que le habría correspondido cesar en el cargo al electo que no pudo asumir y cuyo impedimento hubiere motivado la nueva elección. Vacancia del cargo del Presidente de la República Si la vacancia se produjere faltando menos de dos años para la próxima elección general de parlamentarios, el Presidente será elegido por el Congreso Pleno por la mayoría absoluta de los senadores y diputados en ejercicio y durará en el cargo hasta noventa días después de esa elección general. Conjuntamente, se efectuará una nueva elección presidencial por el período señalado en el inciso segundo del artículo 25.

La elección por el Congreso será hecha dentro de los diez días siguientes a la fecha de la vacancia y el elegido asumirá su cargo dentro de los treinta días siguientes. Si la vacancia se produjere faltando dos años o más para la próxima elección general de parlamentarios, el Vicepresidente, dentro de los diez primeros días de su mandato, convocará a los ciudadanos a elección presidencial para el nonagésimo día después de la convocatoria.

El Presidente que resulte elegido asumirá su cargo el décimo día después de su proclamación y durará en él hasta noventa días después de la segunda elección general de parlamentarios que se verifique durante su mandato, la que se hará en conjunto con la nueva elección presidencial. El Presidente elegido conforme a alguno de los incisos precedentes no podrá postular como candidato a la elección presidencial siguiente. Cesación en el cargo y Asunción El Presidente cesará en su cargo el mismo día en que se complete su período y le sucederá el recientemente elegido.

APORTE AL FORO DE RN 8- ABRIL 2005

Para todo aquel que ha estudiado alguna vez Ciencias Políticas no le resultará extraño este tema; sin embargo hay muchos que no han estudiado esa ciencia y podrán acercarse mejor al tema con alguna doctrina.Educar al ciudadano para encarar su responsabilidad política es una de las funciones de la naturaleza de los partidos políticos ,que no hay que olvidar.

Veamos algo:
El concepto de partido político
Los partidos políticos son”fuerzas políticas orgánicas”, es decir, “protagonistas colectivos con órganos propios” de la actividad política. Podemos decir , entonces, que son grupos de ciudadanos que comparten normas e ideas de cómo se debe organizar el Estado y que finalidad tiene este.

Los elementos constitutivos básicos de los partidos políticos son los siguientes:

1) Sus integrantes: Forman una organización permanente, no son necesariamente ocupantes de los cargos públicos, aunque algunos de ellos pueden llegar a serlo. Están unidos por un mismo proyecto general expresado a través de una doctrina y una plataforma electoral.

2) Su fin inmediato: Es que algunos de sus integrantes ocupen los cargos públicos, o por lo menos, influir en el proceso de adopción de las decisiones políticas.

3) Sus medios de acción: Son participar por si mismos en las competencias electorales.

El origen de los partidos políticos

La formación de los partidos políticos comienza a fines del siglo XVIII y comienzos del XlX, luego de la declaración de la independencia de los Estados Unidos de América en 1776, y de la Revolución Francesa en 1789, que trajeron aparejada una mayor participación del pueblo en la actividad política.

El nacimiento de los partidos a sido una consecuencia necesaria del régimen democrático representativo. El régimen democrático y los partidos han surgido y se han desarrollado en estrecha vinculación y la transformación de la naturaleza de los segundos ha influido sobre el funcionamiento del primero.

En todos los países que se implanto el régimen democrático representativo, los partidos políticos se fueron modificando a través del tiempo y contribuyeron a esa transformación los cambios introducidos en los regímenes electorales y, en particular, la extensión cada ves mayor al derecho del sufragio.

Función de los partidos políticos

Las funciones de los partidos políticos creados para actuar de acuerdo con el régimen democrático constitucional son las siguientes:

1)Encauzar la voluntad popular.

2) Educar al ciudadano para encarar su responsabilidad política

3)Servir de eslabón entre la opinión publica y el gobierno.

4)Seleccionar la elite que debe conducir los destinos del país.

5)Proyectar la política de gobierno y controlar su ejecución

Cómo estam cumpliendo las diversas funciones los partidos políticos Chilenos en la actualidad?
Esa es la respuesta que buscamos en este foro Invitamos a los politicos a reflexionar a discutir y darnos respuestas.
Saludos, Rodrigo González Fernández

Tuesday, September 06, 2005

PARTIDOS POLITICOS Y ACTITUDES

¿Hoy ya no es posible pretender una cambio de actitudes?

Dada la brevedad de las campañas se hace imposible aspirar al cambio de actitudes, esto es una realidad comprobada.

Averiguar cuáles son las actitudes políticas de la población es una medida útil y necesaria para la planeación de las campañas electorales y para evaluar sus estrategias y mensajes, así como para seleccionar el tipo de propaganda que servirá para persuadir y orientar a la opinión pública. Reitero, dada la brevedad de las campañas se hace imposible aspirar al cambio de actitudes, se trata entonces de aprovechar las mismas para reforzar, persuadir o disuadir a los votantes.

Se ha señalado que las actitudes de la gente se forman a partir de varias influencias:

1. El medio ambiente en el que se desenvuelven las personas, la familia, los compañeros de trabajo o de estudios, los amigos, vecinos, etc., de tal forma que un individuo se adapta al sentir prevaleciente en su núcleo de convivencia debido principalmente a la necesidad de sentirse aceptado y de pertenecer a él.

2. Los medios masivos como la prensa, la radio y la televisión , la internet pueden predisponer o reforzar ciertas actitudes. La televisión ha tenido un efecto poderoso sobre los sistemas políticos y las campañas electorales, desde luego esta influencia depende de que la población esté expuesta a ella. También puede suceder que los medios sufran un estricto control gubernamental o de grupos económicos que censura las emisiones que no le son favorables.

3. Grupos de presión que juegan un papel importante en la formación y propagación de la opinión pública sobre cuestiones de relevancia para ellos. A menudo utilizan la información, la propaganda y las relaciones públicas para ejercer su influencia.

4. Líderes de opinión, que son personas que en determinado grupo social, se les reconoce como una guía o autoridad en ciertos asuntos. Pueden ser personajes de la política admirados, en tal caso su poder es tal que pueden convertir una problema relativamente desconocido en asunto nacional con sólo prestarle atención.

Una persona con una actitud determinada está predispuesta a percibir, reconocer, juzgar, interpretar, olvidar, recordar y pensar selectivamente de manera que sea congruente con su actitud.

¿Qué es el activismo político?

Se ha dicho que es el conjunto de acciones que de manera amplia, dinámica y entusiasta llevan a cabo determinados individuos con el propósito de lograr los principios ideológicos, los planes y programas de la organización a la que pertenecen. Se caracteriza por la participación, iniciativa y entusiasmo de quienes acuden a las sesiones de trabajo, también porque obedecen las órdenes del grupo dirigente, difunden propaganda, hacen proselitismo y colaboran en las campañas electorales. Los activistas prefieren la ejecución y los hechos derivados de la instrumentación de un programa político.

DESDE LA CONSULTAJURIDICA.BLOGSPOT.COM RODRIGO GONZÁLEZ FERNÁNDEZ